Criptonomicón I. El código Enigma
Después de leer al principio fue… la línea de comandos. me quedé con ganas de leer algo más de Neal Stephenson, y vaya que si voy a leer; el Criptonomicón ronda las 900 páginas, calculo que habrán desforestado un pequeño bosque para poder editarlo (afortunadamente puedo leer en mi palm sin cargos de conciencia)
Para la edición española, se decidió publicarlo en tres partes, el código Enigma, el código Pontifex y el código Aretusa, imagino que por motivos comerciales. Por cierto, la traducción es de Pedro Jorge Romero, autor de pjorge.com
La historia se desarrolla de forma paralela en dos epocas distintas.
Durante la segunda guerra mundial, Lawrence Pritchard Waterhouse, criptólogo y nivel ultra del departamento 2072 (19 × 109 + 1), hace su guerra particular tratando de romper los códigos nazis, y Bobby Shaftoe, marine y adicto a la morfina, hace todo lo necesario para que los alemanes no descubran que esos códigos han sido rotos.
Unos setenta años más tarde, Randy Waterhouse, hacker, y nieto de Lawrence, se embarca en un ambicioso proyecto empresarial, la Epiphyte Corporation, que tiene como fin crear la Cripta, una refugio de datos en el imaginario sultanato de Kinakuta.
La trama engancha desde el principio, Stephenson no se corta a la hora de explicar como funcionan los métodos de encriptación, aporta infinidad de detalles históricos, y mezcla personajes reales, como Alan Turing o Ronald Reagan con un estilo brillante.
En el Criptonomicón, los hackers son de verdad, no son niñatos que revientan las contraseñas del sistema de la CIA en 30 segundos, probando varias veces hasta darse cuenta de que la clave es la fecha de cumpleaños de la hija del comandante… No, los hackers de Stephenson son universitarios, programadores y matemáticos.
Pero si, alguna vez tengo que recomendar esta novela a alguien, lo haré porque la historia es apasionate y sobre todo profundamente divertida, escrita con un sentido del humor brillante (no me reía tanto con un libro desde mundodisco), y porque ahora que he terminado la primera parte, 900 páginas me parecen pocas.
“- ¿Cuánto tiempo quieres que sean secretos esos mensajes? … . ¿Cinco años? ¿Diez años? ¿Veinticinco años?
…
- Quiero que sigan siendo secretos mientras los hombres sean capaces del mal.”
Me lanzo a por el Pontifex, ya os contaré…